Tras las montañas, el cielo se teñía de naranja y los estruendos batían la calma de las luciérnagas. En mi lecho de hierba apreciaba lo generoso del espectáculo y con consiente ironía aplaudía cada estruendo levantando los pies sobre mi cabeza. Si que lo gozaba.Cuando me levantaba un gavilán pasó sobre mi, me mantuvo pendiente a su aleteo y su volar hasta que lo perdí de vista. Podría haber sentido miedo al escuchar la algarabía de los guerreros mas no era mi costumbre, cuando sentí el clamor de los aullidos y el temblar de la tierra comenzé a caminar de espaldas para no perderme el espectáculo: cientos de guerreros descendiendo cuesta abajo la montaña bajo estandartes purpuras y envueltos en una nube de polvo. Un par de metros más adelante me dí vuelta y levanté la tapilla de pasto, me metí debajo y baje las escaleras."¡Wooo! ¡Wooo!" me burlaba y me reía de ellos mientras buscaba un libro con una vela y ellos corrian sobre mi cabeza, de las decenas que guardaba aún no acababa ninguno, era curioso porque a veces cuando aborrecía el mundo real siempre salía este con algo para cambiarme de opinión. ¡Aahh! La vida era buena en aquel entonces, mientras algunos "vivían" su vida (imaginen la expresión de mi rostro) yo hacia lo propio con la mía, lo muy propio. Si, la vida de los topos era siempre más relajada.Elegí a Baudelaire recuerdo y lo abrí donde quedé:
"-Dime, hombre, enigmático, ¿a quién amas tú más? ¿A tu padre, a tu madre, a tu hermana, a tu hermano?
-Yo no tengo ni padre, ni madre, ni hermana, ni hermano.
-¿A tus amigos?
-Os servís de una palabra cuyo sentido desconozco hasta hoy.
-¿A tu patria?
-Ignoro bajo qué latitud está situada.
-¿La belleza?
-De buena gana la amaría, diosa e inmortal.
-¿El oro?
-Lo odio, como vosotros odiáis a Dios.
-¿Pues qué es lo que amas, extraordinario extranjero?
-¡Amo las nubes. . ., las nubes que pasan... allá lejos... las maravillosas nubes!"
(El extranjero - Las Flores del Mal)