Del momento en que sali de esa casa no quise detenerme, las calles me eran extrañas y ellas lo hacian notar mostrandose distantes, frias y solitarias. Algunas pozas de agua manchaban mi recorrido, me asustaba que nadie estuviera fuera de sus casas, el barrio me era tan desconocido como mi paradero. Los postes pasaban sobre mi sumergiendome en un mundo anaranjado, parecia que las calles se extendieran delante de mi lo mismo que yo habia avanzado, parecian no acabar. Yo seguía llorando y me ardia el vientre pero también el corazón: si ella era mi amiga no debía haber hecho lo que hizo por fidelidad a lo que eramos y por la comprensión que nos debiamos. Al menos por ese momento mi mente me hizo compañia, recordé la primera cancion que habia oido ese día por la mañana: Violet Hill de Coldplay, sonreí apenas mientras la repasaba en mis oidos, mis labios se abrian intentando seguir la letra, se colaron lágrimas a mi boca calmando la bravura en mi pecho.El cielo vestido de luto dejo algunas estrellas a la vista para recordar que aun seguía ahí, se veía infinito sin la Luna a la vista, espiaba detrás de unas nubes, parecia no querer sacarme de la burbuja naranja que los postes me habian proporcionado, el astro se aplacaba ante el talento de sus imitadores. Me pareció escuchar que a lo lejos mi amiga gritaba mi noimbre mas no la tomé en cuenta, debia huir lejos de ella aunque el paso se entrecortaba a veces, mis rodillas flaqueaban a cada tranco, las fuerzas se quedaban en la calle con cada paso que daba. Al doblar una esquina apenas tropeze conmigo misma y caí al suelo, la cara recibió primero el impacto y luego el cuerpo, mis manos no reaccionaron para frenar la caida, se quedaron al costado sin reacción, inmoviles como mis piernas. No se cuanto tiempo perrmanecí así, me hes confuso aún recordarlo pero entre la grava y las lagrimas que tenia adheridas al rostro vi pasar los tacones rojos de la desconocida de la fiesta y tras de mi las risas de Ana y Mía como jugando tras de mi, junte un poco de fuerzas para volverme a verlas pero no estaban, quizas querian ayudarme pero no se atrevian, en cambio escuché la voz de mi amiga rebotando en las paredes cercanas, eso me hizo seguir el camino asi que utilice el impulso que me había dado con los brazos y me levante apenas cojeando por el raspon en la rodilla que acababa de descubrirme.
-"Barbiiiii"
Me susurraba mi amiga en los oidos a través del viento, mientras cada vez me costaba más mantenerme de pie, tuve que apoyarme en un poste para descnasar y la luz del foco me bañó en su resplandor anaranjado. Jadeaba y mi estomago comenzaba a agudizar su martirio con punzadas ponzoñosas. Deseaba que Ana y Mía aparecieran y me ayudaran mas no lo hicieron, me sentia más sola y adolorida que nunca. De haber pasado por mi la decisión, hubiera acabado mi huida ahi mismo, pero no era yo la unica quien tenia que opinar sobre mi destino. Como bajo las instrucciones de una orden previamente dictaminada, el dolor comenzó a sistematizarse en todo mi cuerpo como etapas de un martirio erratizante, caí al suelo por los espasmos que invadían mi cuerpo, no me detenía, sentía ganas de vomitar pero no podía. Intent levantarme en un momento de calma pero alguien me tomó desde el brazo y lo hizo por mi, creí que era mi amiga y por un momento me contenté pero al ver el rostro de quien me alzaba, palidecí. Parecía ser Ana, digo parecía porque estaba irreconocible, su rostro angelical e infantil escapó dejando rasgos perversos que dibujaban pura y maldita malicia.
- Hola- dijo con una voz grave y aspera, casi de hombre y con un tono irónico -¿Acaso no me reconoces? ¿y que tal a ella? -miró a un costado apuntando con los ojos, era Mía traía el mismo rostro de maldad.
Lanzaron una risa al aire que partió con el tono tierno tan caracteristico en ellas y luego se transformó en un aspero sonido desgarrador, se miraron y con la misma suavidad que hacia mucho tiempo me prometieron el cielo y la tierra, Ana se acercó a mi oido y me dio su último consejo:
-Corre, estupida.
Mía alzó su mano en el aire y me propinó una cachetada que me tambaleó. Presa del pánico dí media vuelta y corrí lo más rápido que pude, me ardía otra vez el estómago y pensando en que me seguirian no le hize caso a las punzadas que recorrian mi cuerpo. Mi mente no se calmaba y clamaba a mis recuerdos una respuesta convincente a lo que ellas me estaban haciendo, todo el esfuerzo que hicimos juntas, todos los sacrificios pasaban por mi mente en imagenes y parecia verlas proyectadas en los muros grises que acompañaban mi recorrido, dolía verlas, me ardían los ojos y no pude evitar llorar. Pensé "¿Porque me hacen esto?" y sobre mi apareció Ana materializandose desde la nada, flotaba mientras corria y su rostro seguia siendo de malicia.
- Porque no eres nada, estupida y jamás serás alguien -me dió un golpe en la cabeza y me hizo agachar casi tocando el suelo, me incorporé.
- ¡Nooo!-grité- ustedes me han hecho esto, mirenme, soy infeliz y no soy nada de lo que ustedes prometieron ¡Pudranse!.
Por primera vez me daba cuenta de lo que me había estado pasando en los últimos meses, la realidad pesaba y era lo que no quería aceptar, ese día en que caía en la cuenta de mi condición ya era muy tarde. Mía tambien apareció junto a mi:
-No lo haremos sin ti -me dió una patada en la espalda que me hizo rodar en la calle, me sentía muy debil.
Boca arriba por unos momentos vi el cielo, su infinita tranquilidad contrastaba con el pesar de mis pensamientos "Yo hiba a ser tan bella como tú ¿sabes?, mira lo que soy ahora y tu que desde siempre has guardado mis secretos ¿recuerdas como era? creo que no todas nacemos con tu fortuna, cielo ingrato e infeliz". La Luna sonrojada e incomoda se oculto totalmente tras algunas nubes, molestas algunas estrellas se disiparon incapaces de comprender mi dolor desde su lejana altanería.
Intenté levantarme nuevamente, la luz anaranjada de los postes me envolvía aún en su universo monocromático, cuando me alcé noté que mis fuerzas ya casi no estaban pero Ana y Mía aparecieron sobre mi nuevamente y me golpearon duramente, heché a correr cubriendome la cabeza con las manos, ambas reían lasivamente, y me daban puntapies desde su permanencia sobre mi, corrí tambaleando un par de cuadras hasta que llegue a un parque vacio, la luz blanca refresco mis ojos pero no me detuve, pise el pasto sin mirar hacia el frente y tropece con una banca rodando sobre ella y cayendo sobre la gravilla, partiendome el labio inferior contra el suelo, de ahi no me alzaría más, mis piernas ya no respondían, ni mis brazos ni mi voz, solo la cabeza no paraba de trabajar hundiendome en la gravedad de mi estado, por alguna razón volvi a recordar Violet Hill de Coldplay, debe haber sido porque amaba el final de esa canción y calzaba justo con este. Tenía un sabor metálico en la boca por la sangre que manaba de mi labio mis ojos fijos se perdían en la rincones oscuros del parque, entonces vi las tacones rojos y los pies de la extraña de la casa frente a mi, se agachó, me acarició el pelo y me dijo:
-Nunca fuiste digna querida, solo caiste en nuestro juego y es así como tu partida termina. Te lo dijimos...
-El camino es arduo nóvata, desciste- dijo Mía
-¿Ahora ves lo que pasa por querer ser lo que nunca serás?-me dijo la desconocida-Nunca fuiste princesa, estupida.
Me dejó de acariciar, se levantó y se perdió en la oscuridad del parque junto con Ana y Mía, fue la última vez que las vi, de hecho fue lo ultimo que vi.
Como la triste escena de un final solitario, sobre mi parpadeaba un foco mientras moría, tirada con la gravilla pegada al rostro y los ojos fijos en el fondo del parque, yací rodeada por la intermitente luz blanca. El cielo se oscureció por completo, las estrellas huyeron y el negro de su fondo se hizo más infinito, la luna se oculto tras los árboles para vigilar la inercia de mi cuerpo. El foco finalmente dejó parpadear y se apagó definitivamente, mas la Luna siempre comprensiva y maternal no me dejó sola y cuidó de mi hasta que el Sol develara mi sucumbir.
Fin.

