jueves, 25 de septiembre de 2008

Ana y Mía -Parte Final-

Del momento en que sali de esa casa no quise detenerme, las calles me eran extrañas y ellas lo hacian notar mostrandose distantes, frias y solitarias. Algunas pozas de agua manchaban mi recorrido, me asustaba que nadie estuviera fuera de sus casas, el barrio me era tan desconocido como mi paradero. Los postes pasaban sobre mi sumergiendome en un mundo anaranjado, parecia que las calles se extendieran delante de mi lo mismo que yo habia avanzado, parecian no acabar. Yo seguía llorando y me ardia el vientre pero también el corazón: si ella era mi amiga no debía haber hecho lo que hizo por fidelidad a lo que eramos y por la comprensión que nos debiamos. Al menos por ese momento mi mente me hizo compañia, recordé la primera cancion que habia oido ese día por la mañana: Violet Hill de Coldplay, sonreí apenas mientras la repasaba en mis oidos, mis labios se abrian intentando seguir la letra, se colaron lágrimas a mi boca calmando la bravura en mi pecho.
El cielo vestido de luto dejo algunas estrellas a la vista para recordar que aun seguía ahí, se veía infinito sin la Luna a la vista, espiaba detrás de unas nubes, parecia no querer sacarme de la burbuja naranja que los postes me habian proporcionado, el astro se aplacaba ante el talento de sus imitadores. Me pareció escuchar que a lo lejos mi amiga gritaba mi noimbre mas no la tomé en cuenta, debia huir lejos de ella aunque el paso se entrecortaba a veces, mis rodillas flaqueaban a cada tranco, las fuerzas se quedaban en la calle con cada paso que daba. Al doblar una esquina apenas tropeze conmigo misma y caí al suelo, la cara recibió primero el impacto y luego el cuerpo, mis manos no reaccionaron para frenar la caida, se quedaron al costado sin reacción, inmoviles como mis piernas. No se cuanto tiempo perrmanecí así, me hes confuso aún recordarlo pero entre la grava y las lagrimas que tenia adheridas al rostro vi pasar los tacones rojos de la desconocida de la fiesta y tras de mi las risas de Ana y Mía como jugando tras de mi, junte un poco de fuerzas para volverme a verlas pero no estaban, quizas querian ayudarme pero no se atrevian, en cambio escuché la voz de mi amiga rebotando en las paredes cercanas, eso me hizo seguir el camino asi que utilice el impulso que me había dado con los brazos y me levante apenas cojeando por el raspon en la rodilla que acababa de descubrirme.

-"Barbiiiii"

Me susurraba mi amiga en los oidos a través del viento, mientras cada vez me costaba más mantenerme de pie, tuve que apoyarme en un poste para descnasar y la luz del foco me bañó en su resplandor anaranjado. Jadeaba y mi estomago comenzaba a agudizar su martirio con punzadas ponzoñosas. Deseaba que Ana y Mía aparecieran y me ayudaran mas no lo hicieron, me sentia más sola y adolorida que nunca. De haber pasado por mi la decisión, hubiera acabado mi huida ahi mismo, pero no era yo la unica quien tenia que opinar sobre mi destino. Como bajo las instrucciones de una orden previamente dictaminada, el dolor comenzó a sistematizarse en todo mi cuerpo como etapas de un martirio erratizante, caí al suelo por los espasmos que invadían mi cuerpo, no me detenía, sentía ganas de vomitar pero no podía. Intent levantarme en un momento de calma pero alguien me tomó desde el brazo y lo hizo por mi, creí que era mi amiga y por un momento me contenté pero al ver el rostro de quien me alzaba, palidecí. Parecía ser Ana, digo parecía porque estaba irreconocible, su rostro angelical e infantil escapó dejando rasgos perversos que dibujaban pura y maldita malicia.

- Hola- dijo con una voz grave y aspera, casi de hombre y con un tono irónico -¿Acaso no me reconoces? ¿y que tal a ella? -miró a un costado apuntando con los ojos, era Mía traía el mismo rostro de maldad.
Lanzaron una risa al aire que partió con el tono tierno tan caracteristico en ellas y luego se transformó en un aspero sonido desgarrador, se miraron y con la misma suavidad que hacia mucho tiempo me prometieron el cielo y la tierra, Ana se acercó a mi oido y me dio su último consejo:

-Corre, estupida.

Mía alzó su mano en el aire y me propinó una cachetada que me tambaleó. Presa del pánico dí media vuelta y corrí lo más rápido que pude, me ardía otra vez el estómago y pensando en que me seguirian no le hize caso a las punzadas que recorrian mi cuerpo. Mi mente no se calmaba y clamaba a mis recuerdos una respuesta convincente a lo que ellas me estaban haciendo, todo el esfuerzo que hicimos juntas, todos los sacrificios pasaban por mi mente en imagenes y parecia verlas proyectadas en los muros grises que acompañaban mi recorrido, dolía verlas, me ardían los ojos y no pude evitar llorar. Pensé "¿Porque me hacen esto?" y sobre mi apareció Ana materializandose desde la nada, flotaba mientras corria y su rostro seguia siendo de malicia.

- Porque no eres nada, estupida y jamás serás alguien -me dió un golpe en la cabeza y me hizo agachar casi tocando el suelo, me incorporé.
- ¡Nooo!-grité- ustedes me han hecho esto, mirenme, soy infeliz y no soy nada de lo que ustedes prometieron ¡Pudranse!.

Por primera vez me daba cuenta de lo que me había estado pasando en los últimos meses, la realidad pesaba y era lo que no quería aceptar, ese día en que caía en la cuenta de mi condición ya era muy tarde. Mía tambien apareció junto a mi:

-No lo haremos sin ti -me dió una patada en la espalda que me hizo rodar en la calle, me sentía muy debil.

Boca arriba por unos momentos vi el cielo, su infinita tranquilidad contrastaba con el pesar de mis pensamientos "Yo hiba a ser tan bella como tú ¿sabes?, mira lo que soy ahora y tu que desde siempre has guardado mis secretos ¿recuerdas como era? creo que no todas nacemos con tu fortuna, cielo ingrato e infeliz". La Luna sonrojada e incomoda se oculto totalmente tras algunas nubes, molestas algunas estrellas se disiparon incapaces de comprender mi dolor desde su lejana altanería.

Intenté levantarme nuevamente, la luz anaranjada de los postes me envolvía aún en su universo monocromático, cuando me alcé noté que mis fuerzas ya casi no estaban pero Ana y Mía aparecieron sobre mi nuevamente y me golpearon duramente, heché a correr cubriendome la cabeza con las manos, ambas reían lasivamente, y me daban puntapies desde su permanencia sobre mi, corrí tambaleando un par de cuadras hasta que llegue a un parque vacio, la luz blanca refresco mis ojos pero no me detuve, pise el pasto sin mirar hacia el frente y tropece con una banca rodando sobre ella y cayendo sobre la gravilla, partiendome el labio inferior contra el suelo, de ahi no me alzaría más, mis piernas ya no respondían, ni mis brazos ni mi voz, solo la cabeza no paraba de trabajar hundiendome en la gravedad de mi estado, por alguna razón volvi a recordar Violet Hill de Coldplay, debe haber sido porque amaba el final de esa canción y calzaba justo con este. Tenía un sabor metálico en la boca por la sangre que manaba de mi labio mis ojos fijos se perdían en la rincones oscuros del parque, entonces vi las tacones rojos y los pies de la extraña de la casa frente a mi, se agachó, me acarició el pelo y me dijo:

-Nunca fuiste digna querida, solo caiste en nuestro juego y es así como tu partida termina. Te lo dijimos...
-El camino es arduo nóvata, desciste- dijo Mía
-¿Ahora ves lo que pasa por querer ser lo que nunca serás?-me dijo la desconocida-Nunca fuiste princesa, estupida.

Me dejó de acariciar, se levantó y se perdió en la oscuridad del parque junto con Ana y Mía, fue la última vez que las vi, de hecho fue lo ultimo que vi.

Como la triste escena de un final solitario, sobre mi parpadeaba un foco mientras moría, tirada con la gravilla pegada al rostro y los ojos fijos en el fondo del parque, yací rodeada por la intermitente luz blanca. El cielo se oscureció por completo, las estrellas huyeron y el negro de su fondo se hizo más infinito, la luna se oculto tras los árboles para vigilar la inercia de mi cuerpo. El foco finalmente dejó parpadear y se apagó definitivamente, mas la Luna siempre comprensiva y maternal no me dejó sola y cuidó de mi hasta que el Sol develara mi sucumbir.

Fin.

martes, 23 de septiembre de 2008

Crece Edificio, Crece

Los Publicistas de la USACH (al menos los ingresados de la generacion 2008) tenemos un hijo, le decimos "Edificio" porque aún es muy chiquitito como para ponerle un nombre de verdad. Hoy se nos hinchaba el pecho de orgullo con Martín al verlo crecer, lo conocimos cuando era apenas un sitio valdio, frágil, frio y solo en la Alameda con Bernal del Mercado (junto al metro USACH), hoy está GRANDE y FUERTE, tiene 17 pisos de edad y ya le están saliendo casi todos sus ventanales. Hay veces en que podemos ver a unos personajes de cascos verdes asomarse por sus ventanas, ahi nos damos cuenta que son las vitaminas. las que están trabajando para engrandecerlo cada vez más.

Hoy, francamente, lo vemos un poco [cua-dra-do], gris e incluso vacio por dentro, eso no nos preocupa tanto confiamos en que cuando comienze a relacionarse con otros edificios como él, ampliara sus azoteas y será mejor edificio, quizas con otros de su misma familia constructora. También cuando cresca un poco más se llenara de colores y gente, y formará su propia identidad y ahi estaremos nosotros, apoyandolo en cada paso porque nos llena de orgullo verlo crecer.

(8) Será de departamentos dijo el abuelo
un gran centro de eventos sería perfecto
una residencial de Usachinos, que mal, un bohemio
que sea lo que él quiera total lo queremos...(8)

martes, 9 de septiembre de 2008

Ana y Mia -Parte 4-

Las curvas de la desconocida se insinuaban al detener el recorrido de la luz haciendo que esta recorriera su suave geografía, esto denotaba más aun su sordida belleza y a través de esta, un atisbo de sus retorcidas intenciones. Las luces parpeadaban a una velocidad que ella no podia soportar pero aún así no dejaba de mirarla, se dejaba envolver por su atractivo, por un momento se hizo suya. Comenzaba a desplazarse hacia ella sin tocar el suelo, elevada por sus brazos invisibles, meciendose al son de su melodiosa mirada, girando, volviendose hacia si misma, exteriorizando su interior, espasmodica y calma pero débil e indefensa, siempre más cerca, cerca, muy cerca, la extraña le alargo el brazo para que alcanzara su mano, Barbi notó lo delgada y palida que era su extensión, fina y sobre todo suave, alzaba el indice sobre el horizonte que formaban sus demás dedos para luego tornarla y unirlo junto a los demás formando una cabidad ideada para que cupiera la mano de de Barbi, la alzó con la gracia que le otorgaba la exitación del momento, la cogió en el interior de la suya y la llevó a su pecho, la cobijó junto a su corazón para entregarle algo de su calor. La extraña sonreía satisfecha, su visita al lugar y el encuentro resulto tal como ella lo habia deseado. Era hora de irse, meditó. Alzó el mentón el mentón de Barbi y con la misma calidez que recibiera por parte de la adolescente le dedicó un "Adios" envuelto en un sabor agridulce.

Barbi se sintió terriblemente sola y notó que el silencio y todos los ojos de la casa la rodeaban, se sintió ridicula y se sonrojó al suponer que todas habian seguido con atenta mirada la coreografia que describiera en la sala de la casa. Hubo un siglo de tensión y estupefacción rondando en el aire que solo fué roto por la lejana risa ahogada de una de las niñas lo que derivó en un mar de carcajadas burlonas y sangrientas, indices rectos y puntiagudos señalandola y muecas ridiculizantes acerca del gesto que Barbi encriptara para si misma durante ese siglo de tensión. Toda esta avalancha fue a dar a su cara, casi se desvanece de la vergûenza, si bien nunca le importó lo que todos pensarán de ella, las burlas y las puñaladas recibidas ahí derrotarian a cualquiera. Se sentía caer pero las manos fuertes de su amiga la resguardaron, la obligó a soportarse sobre sus pies y le tapó los oidos, la llevó hasta el jardin.

Si siguieron burlandose de ella o no después de la intervención de su amiga Barbi no se enteró, ella no se lo permitió saber. Ya estaba oscuro y en el patio el ruido de la casa se dispersaba, se disolvia ante la pulcritud de la noche. La ciudad susurraba a sus espaldas trayendo todo el ambiente bohemio que comenzaba a aflorar como un cosquilleo en los oidos. No corria una sola brisa, parecia que el aire se hubiera detenido en seco en cuanto salieron, conciente de que lo que ahí hablaran no debía llevarlo a oidos de nadie, fiel complice el viento hizo gala de su lealtad. El cielo saco a relucir todas sus estrellas esa noche y posó la luna más cerca que nunca, avergonzando a los postes de la calle que parecian peder su acostumbrado oficio a manos del cuerpo celeste. La noche hacia opulencia de su belleza y Barbi creia que trataba de competir con la mujer que conocio hacia unos minutos. "Hasta el cielo la envidia, tengo que averiguar quien es" pensó. Se sentaron junto a la piscina y al ver a su amiga Barbi recordó su rostro antes de ver a la desconocida, parecia tener el mismo pero a la vez de preocupación, sacó algo del bolsillo y lo apretó hasta palidecer el costado de su mano, notó que Barbi reparó en su gesto. "¡Que demonios hacias allá dentro! Bailabas sola" dijo iracundamente "si tan solo te hubieras visto ¡Que hacias!". Su voz retumbó en las paredes con fuerza y el aire comenzó a andar suavemente como escapando de la escena sin que nadie se diera cuenta. Barbi se quedó pasmada, no entendía como su amiga no vió a la desconocida, de haberla visto no le gritaría de esa manera que por lo demás nunca lo había hecho, confirmó con esto que algo le pasaba a su amiga y tenia que ver con el papel en su mano, pero aún le parecia extraño que no la notara. "¿No...no la viste?" exteriorizó "a quien" un poco más calma y sin entenderla respondió " a la tipa de rojo, una muy blanca, estaba junto a la entrada al comedor y estaba con Ana y M..." se detuvo y en su mente aparecieron ellas junto a la extraña, algo pasaba entre ellas y la estaban buscando, quizas la necesitaban para algo, no podía defraudarlas, no a ellas que la habian ayudado tanto. "¿De quien hablas Barbi?" las interrogantes de su amiga rebotaban, sumida en su interior Barbi la ignoraba, aprovechó estos instantes de ausencia su amiga para reparar en el malogrado estado de su figura, estaba muy delgada y parecía no tener fuerzas, quizas era el momento de que hablaran de lo que traía atravesado en su garaganta hacia un tiempo, la incorporó con un zamarreo suave y volvió a la suavidad del rostro al que Barbi se habia acostumbrado mirar, la miró y manteniendo aun un poco de su desagrado en sus ojos, Barbi se volvió hacia ella suavemente y le tomó la mano, la miró de cerca y su amiga le dijo "¿Que es esto Barbi?" abrio su mano la cual volvio a su habitual color, entre sus lineas se posaba un papel pequeño y arrugado, escrito con lapiz de pasta y algo difuso por el sudor de las manos de su amiga, temiendo lo peor Barbi lo tomó y lo estiró...era su lista, la que tan celosamente guardaba lo que nadie debia saber: Barbi palideció en el acto y lego de recibir su asustada mirada, su amiga arremetió: "¿Que significa: 'hago esto para no ser una vaca' o 'estoy a unos gramos de ser una princesa' y también 'esto es lo que siempre he querido, no me detendré ahora' o la más extraña de todas: 'gracias Ana, gracias Mia'?." Su amiga ahora lo sabia, Barbi no se dió cuenta hasta que su amiga terminó de hablar de que estaba sudando, que temblaba y lloraba de rodillas en el pasto. No se lo podía contar, no se atrevía a decirselo, el estomago le ardía y la deseperación emergía de él, necesitaba escapar de esa casa. "Barbi explicame" continuaba ella "no puedo..." con un hilo de voz entre sollosos replicaba "que te estas haciendo mujer, mirate como estas, te estas..." le respondió detenida por las lagrimas en sus ojos, continuo " te estas..." dijo "no lo digas, yo no..." dijo Barbi "si, te estas, te estas...." "no..." "¡Entiende Barbi te estás matando!" estalló su grito en lágrimas. Las niñas al interior de la casa se callaron al mismo tiempo, el silencio se poso en la residencia y el viento nuevamente se calmó, atento el cielo guardó su belleza un instante. Barbi se paró, el pelo sobre su rostro dejo entrever para su amiga el dolor en sus ojos, el maquillaje corrido le dió una aire triste a su rostro al destapar sus verdaderas facciones, su ojeras, sus pómulos, al verla así su amiga se estremeció, dió medio paso atrás, respiraba dificultosamente "¡¡Noooooooooo!!" le gritó en su rostro y le dió una cachetada lanzandola al pasto. La desesperación tomó a Barbi y la hizo correr hacia la casa, llorando, con las manos en su cara, presa del dolor y la incomprensión salió de la casa por el camino que las niñas atonitas formaron hasta la puerta. En el horizonte de la calle se perdió, corriendo sola, desesperada, sin saber donde ir. Reincorporándose, su amiga salió tras ella pero ya le llevaba varias calles de distancia, no debía irse, no podía dejarla sola.


continuará...

domingo, 7 de septiembre de 2008

Santiago Audible

Hay gente que tiende a pensar que quienes escuchamos música en el metro ponemos murallas frente a nosotros tratando de no verlos ni escucharlos. No, los, escuchamos, los vemos, los olemos, los observamos, los sentimos. Si me envuelvo en mi mismo en aquellas instancias siento y pienso que lo hago por dos razones: armonía y rechazo.
No es inconsciente pero aún asi me descubro caminando por los pasillos o subiendo y bajando esclones al son de la caja de una canción, cada golpe me marca un paso y si no puedo lograr mantener la continuidad, lo adapto para continuarlo después algo asi como un redoble o un paso alternado que mantenga el compás en armonía, algo así como ser un baterista con los pies. Tambíen hay veces en que miro hacia atras en el momento de un cambio de ritmo o parpadeando en momento en que la música toma esa forma, me imagino también un video clip: en cámara lenta mis ovimientos pero no mi boca que no pierde el hilo de la canción, subiendo las escaleras sólo mientras los de-más lo hacen por la mecánica, o un tema más rápido con una cámara n los pies siguiendo la caja, golpeando el piso con la punta de la zapatilla y otra en mi cintura enfocando mis manos haciendo un guitar air. Escuchar música en el metro siento que lo hago para buscar armonía en medio de lo sórdido del viaje, el equilibrio de la imagen con el sonido, el gusto de trasladarse con el cuerpo a otro sitio desconocido excepto por mi mente, el gusto de transformar la vida en el trailer de una pelicula, los movimientos justos, la de`puración de las palabras y la coronación de la melodía. Como lo único que puedo hacer es controlar mi "desdoblamiento camarógrafo", esto lo adapto a lo que escucho , así siento que se hace intenso algo que por lo común nadie percibe: su desplazamiento.

Por otra parte, el protegerme ensimismándome me libr de muchas cosas que pasan en ese lugar que de recepcionarlas por completo me provocarían malestares , puede ser verdad que el volverme hacia mi mismo en esos viajes aparentara la instalación de un muro, pero es la gente ilusa la que cree en las apariencias, uno observa y uno oye, uno acumula opiniones y juicios dentro de si, uno aprende de los de-más, uno observa y sabe lo que está pasando, uno tiende a transparaentarse y observar con deleite lo que los de-más hacen, uno guarda esperanzas de que no todo está tan mal y reserva odio para quienes las rompen. Por lo general, los balances tienden a ser negativos y eso genera un rechazo que cansa y crea muros. Sigan matándose ahi fuera, yo viviré siempre aqui dentro. Mi amor y mi odio para la urbe, mi amor y mi odio pra Santiago.

Si uno se observara así mismo por 15 minutos diarios, 5 minutos en el camino al trabajo/estudio o de regreso a casa, 5 más con los pares y 5 con la familia, uno podria cambiar muchas cosas de uno mismo, la urbe no seria tan gris, Santiago dejaría de ser Santiago (lo cual no estaría mal).