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De su pacto nocturno se separó
tomó sus cosas y se marchó
y antes de morir miró hacia atrás
cuando vuelva a vivir tanto los voy a amar
Y no renunció y no se cansó
para sus promesas no olvidar
no voy a descansar, nada va a estar mal
solos nunca los voy a dejar
El aire de conformidad revuelve la entrañas
los hombros pesarán siempre un poco más
los duelos no se vivirán bien
hasta que vuelvan a caminar
Las cabezas volarán al son del atardecer
el cielo naranja teñirá su sombra
al volver el héroe del día resucitará
cuando su esposa y sus hijos lo vean a casa llegar
Y no renunció y no se cansó
para sus promesas no olvidar
el día llegará en que todo servirá
su corazón y su vida al fin se llenarán
Muéstrame como se tejen los sueños inconclusos, como se remedan los duelos no vividos, las instancias renegadas y los labios ya sin sentido.
¿Que tan lejos podría estar la entrada al corazón de tus ojos? si es así como me muestran las intenciones que se cruzan por delante de tus pies, como me empequeñecen tus intenciones ante los gigantes pies de tu soberbia, la misma que siempre odie y hoy me haces besar por miedo a una justa entre tu y yo. Somos cobardes y tercos, somos cínicos y bienintencionados pero como siempre siempre te preocupó la pequeñez del mundo a la magnitud de nuestros momentos...
No quiero arrastrar más tu legado en mis tobillos, no quiero nominarte más cerca mio porque sé que el nombrarnos aún nos duele, las letras aun tienen sedante y veneno y por eso las evitamos, y las tentamos por que el guiño de un papel nos estremece como hace siglos, nos hace temblar como niños asustados, inocentes, ilusos, tiernos y con ganas de conquistar el mundo por un momento, solo por uno, aunque nos duela caer del trono de cartón más adelante ya que vale la pena mirar el mundo desde las nubes que no lloran en el valle sino que lo hacen donde no llega el aire, ni los pájaros ni la carroña, sólo el respeto por los duelos que aún se viven, ellos saben distinguir el cinto negro que envuelve el ceño de nuestra aura, como la habitación que nunca tuve y las nubes que nunca taparon el sol de bochornos incómodos y desvividos.
Como dije, vale la pena mirarte desde ahí porque no siempre puedo ver los pies gigantes de tu soberbia, la que siempre odie, a la altura de mis ojos y mi semblante para entregarles un par de dagas que terminaran más dentro mio que dentro tuyo, más dentro mio que dentro tuyo.